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La odisea de los venezolanos: de la prosperidad al éxodo forzado

Como periodista venezolana, siempre creí que mi pluma sería un arma para defender la verdad en mi país. Pero en 2016, la realidad me obligó a empaquetar mi vida entera en unas pocas maletas y emigrar con mi familia a Estados Unidos. No fue una elección; fue una necesidad de supervivencia.


La odisea de los venezolanos

Hoy, desde la diáspora venezolana en Nueva York, donde he reconstruido mi carrera entre la nostalgia y la resiliencia, reflexiono sobre lo que hemos vivido los venezolanos: un colapso que transformó una nación próspera en un escenario de desesperación, pero que ahora, con la reciente captura de Nicolás Maduro, podría marcar el inicio de una esperanza cautelosa.


De la promesa de la Revolución a la realidad autoritaria

La Venezuela que conocí en mi juventud era un país de oportunidades, bendecido por el petróleo y una diversidad cultural vibrante. Sin embargo, la tragedia comenzó a gestarse en 1999 con la llegada de Hugo Chávez al poder, bajo la bandera de la "Revolución Bolivariana". Lo que prometía ser un cambio social inclusivo se convirtió en un régimen autoritario que desmanteló las instituciones democráticas.


Golpes de estado fallidos, fraudes electorales, corrupción rampante y violaciones sistemáticas a los derechos humanos marcaron el camino. Chávez, y luego su sucesor Maduro desde 2013, expropiaron propiedades privadas, destruyeron el aparato productivo y sumieron al país en una hiperinflación brutal que superó el 200% anual en sus peores momentos. La pobreza escaló al 90%, el desempleo se volvió endémico y la producción petrolera, otrora motor de la economía, se derrumbó por la ineficiencia y la corrupción.


Pero las cifras frías no capturan el sufrimiento humano. Como venezolanos, vivimos un infierno cotidiano que pocos desde afuera pueden imaginar. En 2016, cuando decidí emigrar, las filas de personas a las afueras de los supermercados para comprar alimentos básicos se extendían por días enteros. No se conseguían productos esenciales como harina, arroz, leche o incluso pañales y medicamentos. Los supermercados eran escenarios de caos, con estantes vacíos y gente peleando por un paquete de pasta. Los productos de higiene personal —jabón, pasta dental, papel higiénico— eran un lujo inalcanzable, obligando a improvisaciones humillantes. Y la gasolina, en un país productor de petróleo, requería filas interminables de hasta 48 horas, con vehículos abandonados en las estaciones de servicio mientras la gente dormía en sus carros para no perder el turno.


A esto se sumaban los cortes constantes de electricidad y agua. Ciudades enteras pasaban días sin luz, lo que significaba neveras descongeladas, alimentos podridos y noches en penumbras. Los apagones masivos, como el gran blackout de 2019 que dejó al país a oscuras por semanas, paralizaban hospitales, industrias y la vida diaria. El agua escaseaba: en muchas zonas, llegaba solo una vez por semana, obligando a almacenarla en baldes improvisados. Imaginen cocinar, lavar o simplemente beber en esas condiciones. Era una lucha por la dignidad básica.


Experiencias de violencia y acoso durante la cobertura periodística

Y luego estaban las persecuciones. Como periodista, vi de cerca cómo el régimen silenciaba las voces críticas, mi voz entre ellas. Detenciones arbitrarias por "incitación al odio" o "terrorismo", cierre de medios independientes que dejó a cientos de colegas en la calle, exilio forzado y ataques físicos contra reporteros. Al menos 15 periodistas fueron encarcelados en los últimos años por cubrir protestas o denunciar corrupción.


Yo misma sentí el acoso y la violencia: amenazas veladas, vigilancia y la presión constante de autocensurarme para proteger a mi familia. Sin embargo, durante la cobertura de María Corina Machado al hospital de mi ciudad, un grupo de colectivos chavistas logró cercarme para golpearme salvajemente, intentando quitarme mis equipos de trabajo.


La censura creó un desierto informativo, donde solo resonaba la propaganda oficialista. Pensar diferente era un crimen; opinar en redes sociales podía llevarte a la cárcel. Antes nos llamaban cobardes por no "hacer más" contra el régimen, pero ahora, con la captura de Maduro, muchos de esos críticos opinan libremente desde la comodidad de sus hogares, yo incluída. Sin embargo, la persecución no cesa con la captura de Maduro. Mientras figuras como Diosdado Cabello, entre otros, sigan al mando, el temor y la represión persistirán.


El éxodo venezolano y desafíos en la diáspora

El éxodo masivo, el más grande en la historia de América Latina, con más de 7 millones de venezolanos huyendo, fue la consecuencia inevitable. Emigré en 2016 con mi esposo y mis hijos, dejando familiares, amigos y una carrera en ascenso. Llegamos a Estados Unidos como parte de la diáspora, buscando refugio en un país que nos abrió las puertas. Pero el camino no ha sido fácil: xenofobia en algunos lugares de tránsito, separación familiar y el dolor de empezar de cero. En Nueva York, he continuado mi labor periodística en mis projectors personales, documentando la crisis desde el exilio, uniéndome a redes de venezolanos.


Captura de Maduro

La captura de Maduro el 3 de enero de 2026, en una operación dramática por fuerzas estadounidenses, ha sido un avance simbólico para muchos. Él y su esposa Cilia Flores enfrentan cargos graves en Nueva York por narcoterrorismo, tráfico de drogas y más.


Para la gran mayoría de venezolanos —dentro y fuera del país—, esto representa un alivio tras décadas de opresión. Celebraciones en Miami, España, Perú y Chile han mostrado lágrimas de alegría, abrazos y gritos de "¡Libertad!". Es como si el humo negro que cubría nuestro cielo por fin se disipara. Estas son algunas de las razones por las que lo vemos como un paso adelante: el fin de la persecución política, la posibilidad de elecciones libres, el alivio de la represión periodística y la esperanza de reconstruir una economía destrozada por la corrupción y el socialismo fallido.



La necesidad de un cambio cultural para reconstruir el pais

Como he reflexionado en mis escritos, el cambio real no vendrá solo de arrestar líderes. La crisis no es solo política; es social y cultural. Nosotros, los venezolanos, debemos confrontar nuestra "viveza criolla" —esa idiosincrasia que fomenta el amiguismo, el ventajismo y la deshonestidad— que alimentó y fortaleció el chavismo. Políticos van y vienen, pero el pueblo permanece. Solo con esfuerzo honesto, educación, integridad y unidad podremos reconstruir Venezuela, sin depender de salvadores externos ni promesas populistas.


Hoy, desde Nueva York, miro hacia el futuro con cautela optimista. Venezuela es más que un nombre o un caos temporal; es la tierra que los venezolanos merecen recuperar. Para mis compatriotas en la diáspora: sigamos contando nuestra historia, para que el mundo no olvide.

María V. Velázquez es periodista venezolana, autora del blog en mijivelazquez.wixsite.com, creadora del blog y pódcast Nuestro estilo de vida en ourfamilylifestyle.net y del libro El arte de vivir: la alegría en los pequeños detalles. Miembro de la diáspora en Estados Unidos. Síguela en X como @MijiVelazquez

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